El sentimiento de lo jurídico

El Derecho está presente en la vida social de todos los pueblos, pero además, en cada individuo existe un cierto sentimiento jurídico, desde el punto de vista psicológico, que se manifiesta cada vez que somos víctimas o espectadores de cualquier tipo de injusticia, como cuando vemos en los telediarios noticias sobre atentados o de políticos corruptos.

El sentimiento jurídico o sentimiento de lo justo hace que las personas sientan el Derecho, lo acepten y estén predispuestas a cumplirlo, no de forma apasionada e irracional, sino como algo consciente y responsable que les hace amar la justicia. El sentimiento jurídico es algo propio del ser humano, no es un sentimiento únicamente del jurista, no va unido necesariamente al conocimiento técnico de la realidad jurídica.

El sentimiento jurídico impulsa a todos los seres humanos a rechazar las injusticias, estimula el amor a la justicia y fomenta el hábito de acatar el Derecho.


La recepción de los derechos humanos en las constituciones

Ya en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 se proclamaba: “toda sociedad en la cual la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes establecida, carece de constitución”

Desde entonces se viene reconociendo el carácter fundamental que corresponde a los derechos humanos dentro de los sistemas constitucionalistas de organización política, convirtiendo así en el primero y más importante objetivo de la constitución: la defensa de los derechos individuales.

La expresión “derechos fundamentales” se desarrolló en la cuna de la concepción estatista de los derechos públicos subjetivos, designando así a aquellos derechos que les han sido reconocidos a los ciudadanos por las respectivas constituciones y leyes fundamentales.

Posteriormente su uso fue derivando del concepto originario, pasando a designar  también aquellos derechos que por su importancia son básicos en la vida de todos los  hombres, y por ese camino ha llegado a ser utilizada como sinónimo del término “derechos humanos".

Por tanto, por “derechos fundamentales” pueden entenderse dos significados distintos: el correspondiente a su uso original de derechos reconocidos por las leyes fundamentales del respectivo ordenamiento jurídico y; el de los derechos básicos que tienen todos los individuos por exigencia de la  propia dignidad personal que les es naturalmente inherente.

Sin embargo no es apropiado confundir los derechos proclamados como fundamentales en las constituciones estatales con los derechos que tienen los  individuos por el mero hecho de ser personas.

La razón es que esta identificación implica socavar la capacidad legitimadora de las luchas por su reconocimiento y garantía frente a cualquier posible desconocimiento o violación.


¿Cuál es la diferencia entre proceso y procedimiento?

El proceso representa una serie de actos sucesivos que conforman entre sí una unidad y que tienen como recorrido último y normal la sentencia emanada de una autoridad imparcial, esto es, desvinculada de las partes intervinientes. El procedimiento es la forma como tales activos se manifiestan, ya sea considerados aisladamente o enlazados unos con otros, vale decir, el proceso visto exteriormente, en sentido dinámico.

Para Monroy Gálvez, el proceso es el conjunto dialéctico, dinámico y temporal de actos, que se realizan durante la ejecución de la función jurisdiccional del Estado, bajo su dirección, regulación y con el propósito de obtener fines privados y públicos. Los que son comunes a todos los participantes del proceso. En cambio, procedimiento es el conjunto de normas o reglas de conducta que regula la actividad, participación y las facultades y deberes de los sujetos procesales y también la forma de los actos realizados en un proceso o en parte de éste, provistos por el Estado con anticipación a su inicio.


La importancia del proceso civil

El proceso resulta importante porque no sólo opera como un instrumento para la defensa de los intereses de los particulares, quienes aspiran en forma individual a la solución de sus conflictos o disputas, sino porque a través de él, que garantiza la conservación del ordenamiento jurídico, se restablece o mantiene la paz social.

Su transcendencia, como se observa, excede el ámbito privado, lo que permite concebirlo como un medio jurídico de importancia social que, reconstruyendo artificialmente la realidad afectada por no seguirse la pauta de conducta establecida en la regla jurídica de derecho material, asegura un comportamiento colectivo civilizado y en armonía. La necesidad social de que se actúe forzosamente, mediante el proceso, la norma sustancial, en razón de la función reguladora que ella cumple, confiere al proceso una importancia de idéntica naturaleza, esto es, social.



Obligacionalización de los derechos real

En los últimos años ha sido imposible desvincular de forma total los aspectos obligacionales y reales del contrato. Chaves de Farias y Rosenvald perciben una evidente obligacionalización de los derechos reales en la medida que todos ellos, sin excepción, abrigan en su estructura:

  • Una relación jurídica de derecho real (dominio del titular sobre la cosa).
  • Una relación jurídica de derecho obligacional (relación entre el titular y la colectividad).

La primera relación es material, referida al bien; la segunda es subjetiva, referida al titular y el medio, la sociedad. Esto nos lleva a determinar que el análisis de los derechos reales viene realizándose desde la óptica del derecho de las obligaciones a efectos de definir las relaciones jurídicas que lo configuran.

Asimismo, vemos como el dinamismo del derecho de obligaciones viene transfiriéndose a los derechos reales, antes estáticos y hoy por hoy cambiantes, justamente para satisfacer las necesidades de las partes.