Los principales sistemas normativos de las sociedades actuales: Derecho, Moral y Usos sociales

Las sociedades modernas tienden a desarrollar un código de normas distinto para cada uno de los grandes sectores de la actividad humana (económico, deportivo, urbanístico, penal, …) y para cada una de las organizaciones sociales específicas (familiar, mercantil, docente, judicial, militar, sindical, etc...), por lo cual existen numerosos códigos normativos.

A esto se une otros factores que han contribuido al proceso de diferenciación tipológica de las normas: la evolución de los valores del grupo (axiológico), la aparición de nuevos problemas, necesidades y aspiraciones en la organización de la convivencia, y la experiencia adquirida de las diferentes soluciones propuestas a lo largo de la historia.

Entre los muchos códigos de reglas de conducta que estos factores han ido originando, han destacado tres códigos de normas: la Moral, el Derecho y los Usos sociales.

Estos códigos normativos han actuado siempre en el seno de los grupos sociales para lograr la acomodación de las conductas de los individuos al modelo “oficial” de comportamiento. Por lo tanto, estos tres códigos han actuado como los principales agentes de control y organización de la vida social.

El Derecho, la normatividad jurídica, es en general el principal medio de control social ya que su objeto son las relaciones de poder dentro del grupo (pudiéndose incluso llegar a la coacción física para imponer el cumplimiento de las normas jurídicas). Por otra parte, la Moral y los Usos sociales pueden en determinadas circunstancias determinar la voluntad individual incluso con mayor intensidad que las normas jurídica.


Papel que desempeñan las normas en los proyectos de regularización de la vida social

La historia demuestra que todo proceso de agrupación de personas tiende, por su propio impulso, a segregar formas estables de convivencia, de lo contrario, cuando no se dispone de un sistema de comportamiento social mínimamente codificado que organice y regule la convivencia se produce el caos y la disolución del grupo.

Al principio de la existencia de cualquier grupo social se regula mediante comportamientos dotados de simple fuerza fáctica: el grupo ejerce presión sobre cada uno de sus miembros para que se respeten determinados comportamientos.

Posteriormente, según madura el grupo, se va estableciendo una normatividad racional de validez general y la acción institucionalizada de unos órganos que tienen la misión específica de garantizar que las relaciones sociales se desarrollan dentro de los límites del orden establecido.

Cualquier grupo necesita una cierta cohesión social para satisfacer las expectativas que han llevado a su creación; para conseguir esta cohesión que garantice la supervivencia de la sociedad es necesario que existan unas reglas de conducta que aseguren que la vida comunitaria se va a desarrollar dentro de los cauces que se consideran mayoritariamente como adecuados.

Estas reglas van surgiendo de forma natural para mantener un control explícito del comportamiento de sus miembros que impida cualquier posible desviación que ponga en peligro la estabilidad y permanencia de la propia sociedad. Para asegurar el cumplimiento de estas reglas surgen los medios de control social (o medidas para controlar la conducta de los miembros de una sociedad).


La dificultad de establecer un concepto unitario de Derecho

Existe una gran dificultad para definir el Derecho debido a:

Ambigüedad: dificultades que proceden del lenguaje que utilizamos para comunicar las realidades jurídicas, como demuestra la polisemia del propio término Derecho que puede significar cuatro cosas: derecho objetivo, derecho subjetivo, ciencia jurídica y sinónimo de justicia

Vaguedad: dificultades para definir un sistema normativo como jurídico puesto que existen posturas tanto iusnaturalistas como iuspositivistas.

Emotividad: dificultades que provienen de las diferentes concepciones que los individuos tienen sobre el fenómeno jurídico. El contacto cotidiano (mas o menos consciente) del individuo con las normas jurídicas provoca auténticos prejuicios que condicionan el significado de la palabra derecho.

Por lo expuesto, se hace difícil establecer un concepto unitario del Derecho.


Principales concepciones del derecho

No existe una concepción unánime y uniforme del Derecho. Para algunos el Derecho es exclusivamente las normas, para otros el Derecho viene determinado por su eficacia, y finalmente para otros el Derecho son solamente las normas justas.

El iusnaturalismo (concepción óntico-valorativa).- El ideal de la concepción óntico-valorativa es la justicia. El ideal de justicia es un elemento constitutivo del Derecho, esto es, el Derecho está constituido por una serie de normas que tratan de realizar el ideal de justicia.

Las normas no sólo han de ser válidas sino que también han de ser justas. Las dos principales doctrinas iusnaturalistas son:

- El Derecho romano clásico: La tarea del Derecho es determinar que es lo justo en cada caso concreto. El juez no se limita a aplicar una norma, sino que juzga conforme a unos principios éticos para alcanzar una solución justa. Se ha dicho que el Derecho romano clásico es la ilustración perfecta del iusnaturalismo aristotélico.

- El Derecho natural: Existen leyes naturales que son obligatorias por su carácter racional, o por ser mandatos divinos, o por ser facultades o derechos subjetivos de los que disfruta el individuo por el hecho de serlo. 

Los liberales del siglo XIX, basándose en este último criterio, identificaron derechos naturales con facultades del individuo, se considera que el Derecho es válido si asegura la efectividad de los derechos naturales.

Se considera que este iusnaturalismo es una doctrina dualista: existe un Derecho natural válido para todas las épocas y pueblos pero también existe un Derecho positivo que es válido allí donde se ha promulgado. Este Derecho positivo sólo debería ser válido cuando es acorde al derecho natural.

El iuspositivismo (concepción estatal-formalista).- El iuspositivismo entiende que la principal fuente del Derecho no es el Derecho natural, sino la Ley. El positivismo estudia el Derecho sin aplicar los juicios de valor propios del Derecho natural; por eso el iuspositivismo se limita al estudio del Derecho objetivo, esto es, de las leyes que forman el ordenamiento jurídico.

La ley es la principal fuente de Derecho (positivismo jurídico). No se descarta la presencia de otras fuentes de producción del Derecho (costumbre, jurisprudencia); sin embargo, éstas siempre quedarán supeditadas a la ley y tendrán validez dentro de los límites que la ley establezca.

Los jueces deben ser siempre fieles intérpretes de la ley, si no de su letra sí al menos de su intención y de su espíritu para aplicar la voluntad del legislador. Se trata de una concepción propia del mundo occidental y los máximos representantes fueron Alf Ross, Hans Kelsen y Herbert Hart; de hecho, la ciencia jurídica moderna tiene un marcado carácter estatalista-formalista.

Las tres tesis del positivismo son:

  • El Derecho se compone exclusivamente de normas. Todo lo que no puede encuadrarse en la ley o resolverse por principios de autointegración, es jurídicamente irrelevante. El positivismo pretende garantizar la seguridad jurídica, es decir la certeza de conocer de antemano qué es lo que es Derecho y de prever las consecuencias futuras del mismo.
  • El Derecho es una obra humana por lo tanto es un hecho social puramente convencional de cada época histórica y no depende de juicios de valor permanentes.
  • El Derecho y la Moral son realidades independientes. Una ley no es legítima por reflejar una determinada postura ética, sino por ser creada por un órgano competente; pero esto no significa que el Derecho no refleje una determinada Moral social.


La búsqueda de una concepción superadora del iusnaturalismo y del iuspositivismo.- El realismo jurídico (concepción sociológica-realista). La concepción estatal-formalista se muestra incapaz de resolver muchos de las interrogantes y aspiraciones que el ser humano se plantea sobre el Derecho, por este motivo surgieron una serie de planteamientos nuevos que pueden agruparse dentro de la concepción sociológico-realista.

La concepción sociológica abandona el normativismo para conectar lo jurídico con la sociedad. El Derecho ha de acomodarse a la realidad de la sociedad (sus necesidades, exigencias y aspiraciones).

El ideal máximo del Derecho ha de ser servir a los fines y aspiraciones de la sociedad por tanto, el Derecho no consiste en normas o leyes (como dice el positivismo) sino en los comportamientos sociales efectivos y las decisiones que toman los jueces en relación con los casos y situaciones concretas que presenta la vida real.

Entre las concepciones sociológicas la más importante es el llamado “realismo jurídico” que critica el rígido sistema mecanicista de aplicación de la ley defendido por las teorías formalistas. La solución jurídica ha de ser acorde a la valoración del caso concreto por parte del juez.


La pluridimensionalidad del fenómeno jurídico

El Derecho se nos presenta siempre como una realidad muy compleja en la que confluyen tres factores diferentes (normas jurídicas o dimensión normativa, hechos concretos o dimensión fáctica, y valores sociales o dimensión valorativa). El Derecho es el conjunto de normas jurídicas que regulan hechos sociales para la defensa de determinados valores.

Esta es la Teoría tridimensional del Derecho formulada por M. Reale, que señala que en la realidad jurídica se dan tres grandes dimensiones complementarias: la dimensión normativa, la dimensión fáctica y la dimensión valorativa; esto es, el Derecho se manifiesta al mismo tiempo como norma, como hecho y como valor.

Dimensión normativa (validez): El Derecho está compuesto por normas, que son expresiones de “deber ser”, esto es, mandatos o reglas de conducta obligatoria. La dimensión normativa del Derecho se manifiesta de manera imperativa: las conductas incluidas en las normas jurídicas pueden ser exigidas coactivamente.

Para que una norma sea válida ha de cumplir los siguientes criterios: tiene que haber sido producida por un órgano competente a través del procedimiento adecuado, no debe de haber sido derogada y no puede entrar en contradicción con normas superiores.

Dimensión fáctica (eficacia): El Derecho regula las relaciones que se producen en el seno de la vida social: esta vida social se caracteriza por hechos económicos, políticos, científicos, etc. “Sólo donde hay sociedad hay Derecho”, pero la vida social también se caracteriza por las normas jurídicas que regulan esos hechos sociales; esto es, el Derecho también es un hecho social como lo es la Economía, Política, etc.

La eficacia de una norma jurídica alude al grado de aceptación y cumplimiento por la sociedad: esto es, si los destinatarios acomodan su conducta a lo prescrito por la norma y si la norma es aplicada por los jueces y demás operadores jurídicos

Según Kelsen, sólo pueden ser calificadas como normas jurídicas válidas aquellas que han alcanzado un cierto nivel de efectividad social. Un sistema jurídico es válido cuando alcanza un cierto grado de eficacia y cumplimiento.

Dimensión valorativa (justicia): El Derecho no es neutral, ya que en el origen de toda norma jurídica está presente siempre un juicio de valor que puede considerarse uno de los elementos originarios del Derecho.

El Derecho impone obligaciones que se orientan hacia la consecución de tales valores. La realización de estos principios o valores proporciona al derecho su legitimación ética. 

La justicia de una norma se refiere a la adecuación de la norma al conjunto de valores. Cuando coinciden las normas con los valores se afirma que la normatividad jurídica es lo suficientemente justa como para que pueda ser reconocida como genuino Derecho, esto es, una norma justa es una norma legítima.

Esta dimensión ha sido plasmada tradicionalmente en la consustancial vinculación del Derecho con la justicia. Mientras la validez y eficacia de las normas son juicios de hecho, la justicia o injusticia de una norma es un juicio de valor (y por tanto subjetivo, como lo son los valores).